sábado, 19 de enero de 2013

Testigo y partícipe


Hoy me he acordado de ti, querido Allen Ginsberg. Después de publicar mi último poema he quedado insatisfecha. He mirado a mi copia de Howl -siempre en la mesita de noche- y he pensado que quizás querrías venir conmigo a dar un paseo con el perro, y así hablar de cuánto han cambiado los tiempos, de cómo me siento testigo y partícipe.

Estoy viendo a las mejores mentes de mi generación trabajar por un sueldo mediocre para pagar una hipoteca de 40m2. 

Estoy viendo cómo pierden su casa y tienen que seguir pagando hasta que todavía no les haya llegado  la edad de jubilación. 

Estoy viendo a gente sin trabajo, sin subsidio de desempleo, sin futuro próximo.

Estoy viendo a las generaciones más preparadas de nuestra historia buscar la puerta de embarque y marcharse, como en los años en los que este país era menos libre.

Estoy viendo cómo la precariedad se hace la dueña de nuestras vidas. Nosotros que tuvimos todo lo que nuestros padres no pudieron tener. Nosotros que tuvimos todo lo que nuestros hijos nunca tendrán. 

Estoy viendo la rabia, la indignación, las calles llenas, las plazas hirviendo.

Estoy viendo las cuentas en paraísos fiscales, los pacientes sin atención, los áticos en Marbella, los colegios sin calefacción.

Te he visto, querido Allen Ginsberg, aullando entre la locura, histérico, desnudo. Te he visto buscando un rincón oscuro para amar; te he visto rondar a Jack esperando ser correspondido; te he visto correr con Cassady por Denver.

Dime, tú que viste a Walt Whitman y a Lorca; cómo hiciste para no caer en la desesperación de una generación perdida, aconséjame; porque yo también tengo la sensación de haberlo dado todo y ahora no ser nada.

Dime si es esto es suficiente; si la sintáxis, la gramática, la metáfora son suficiente. Porque este país hoy no lo es. O más bien es demasiado. Así que me agarro a esto, querido Allen, porque ahora mismo es lo más sagrado que tengo. Holly


3 comentarios:

  1. Lo más sagrado siempre hemos de ser las personas, pues es en nosotros (y en ninguna otra parte) donde reside la voluntad de transcendencia, fuente de cualquier mejora, progreso, avance o belleza. Persistir en la nobleza de carácter, en el altruismo social, en el deseo de la mejora de la propia posición sin perjudicar a nadie, todo reside en nosotros, no en un supuesto códice antiguo o eje sobrenatural... Nuestra victoria es, pues, persistir, seguir luchando y aullando, si es preciso.

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  2. Me apunto a lo de seguir aullando, creo que es lo más natural y salvaje que podemos hacer.

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  3. No conozco a Allen Ginsberg, pero en estos momentos de cuentos chinos que nos ha tocado vivir, el aullar creo que ya no debería ser únicamente de animales salvajes. Nos dan por todos los sitios hasta en la inteligencia, pero hemos de demostrar que tontos no somos, al menos la mayoría.

    Otra cosa es sumisos o hipócritas

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