lunes, 31 de diciembre de 2012

Querido dosmildoce: despedida formal










Querido dosmildoce:
te observo desde la
distancia de 364 días, 
me alejo para valorarte
-me gusta ser precisa
en mis valoraciones-
y debo (tengo que) decir
que has sido un año
injusto
cobarde
desagradecido
malnacido
hijo de la gran
puta,
-no te sorprendas-
desde mi sillón todavía 
noto el dolor de mis 
costillas, tus patadas
fueron con punta de
acero, tu burla mi peor
pesadilla,
aléjate
esfúmate
de
sin
gra
te,
para no volver,
para no volver a 
jo
der
me,
para no volver a 
mal
tra
tar
me,
ahora ya sé que no
te importo, así que
puedes marchar, te doy
permiso, puedes bajar
la cabeza, arrastrar tus
cadenas, y -por fin-
cerrar la puerta, 
que yo intentaré volver a
LEVANTARME,
se despide de ti,

atentamente,

Lola Molina. 





2 comentarios:

  1. Lo peor de sus envites no son los golpes en sí mismos (esas patadas con punta de acero: somos buenos tajadores), sino los esbirros que las propinan, carne de nuestra carne, desnaturalizada en su traición. Esa traición es el veneno que penetra a través de las heridas, los rasguños y moratones...

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  2. Un año bastante descorazonador, es cierto, pero al final aquí seguimos aún, dolidos pero vivos, algo resentidos pero con esperanzas de un nuevo amanecer. Quizá sea un iluso, pero para mí aún significa algo. Un buen poema, más descarnado que aquel de palabras quebradas que leí y de nuevo te descubro jugando con la estructura y, de nuevo, todo un acierto.

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